La liberación animal es una cuestión feminista

Laura Fernández

Las formas patriarcales y androcéntricas en que hemos aprendido a relacionarnos en nuestras sociedades condicionan y moldean las formas en que concebimos a los otros animales y cómo nos relacionamos con ellos.

El lenguaje es un gran ejemplo de este aprendizaje errado, de esta normalización social con la que nos permitimos degradar a ciertas personas por su expresión de género o por su especie (entre otras muchas como su edad, su corporalidad, su origen, su cultura o sus capacidades, pero en este artículo nos vamos a centrar en género y especie).

Llamamos “zorras” a las mujeres que viven su sexualidad de una manera abierta y sin tabús, a quienes desafían la monogamia, llamamos “víboras” a las mujeres para decir que actúan mal, les llamamos “cotorras” para señalar que hablan mucho, que comparten información entre ellas. Llamamos “vacas” a las mujeres gordas, o a las mujeres que engordan, como forma de controlar su cuerpo para ceñirse al imperativo de delgadez. A las personas que se salen del estándar binario de género asignado, especialmente expresándose de forma considerada femenina, se les llama “mariposón”, o “maricón”. De cualquier persona que queremos señalar como cobarde, le decimos “gallina”, de alguien sucio, “cerdo”, de alguien egoísta, “rata” y de alguien poco formado o impulsivo, a menudo con una connotación clasista, “burro/a”.

Nuestro lenguaje refleja nuestra forma de ver el mundo. Nuestro lenguaje sexista, homófobo y especista refleja lo poco que sabemos de los otros animales (sorpresa, ¡tu también eres un animal!) y cómo nos relacionamos con ellos generalmente desde el privilegio y la dominación.

Pero todos estos adjetivos que se utilizan para degradarnos entre humanos, y especialmente a las mujeres y personas disidentes de género esconden un referente ausente (1): los animales no humanos reales, de carne y hueso, que tienen cuerpos y órganos, que están vivos y sienten dolor y placer. Por ejemplo, los cerdos se bañan en barro por dos razones: para regular su temperatura corporal, puesto que no sudan como los humanos y para protegerse del sol, pues sus pieles son muy sensibles y el barro es una barrera física protectora. Las gallinas no son cobardes (2). Las ratas son animales sociales y empáticos que han demostrado apoyarse mutuamente para, por ejemplo, salir de una jaula. Y la lista sigue. Nuestra carga ideológica y moral sobre las zorras, vacas, víboras, mariquitas o burros no nos dicen nada de los individuos que pertenecen a esas especies.

El machismo y la heteronorma guardan una estrecha relación con el especismo. No sólo porque ambos sean sistemas de opresión, sino porque tienen raíces y lógicas comunes. Son filtros para ver a aquella considerada “otra” desde un prisma de degradación. Ambas opresiones configuran el lugar que ocupamos en nuestra sociedad, y nos guían sobre cuestiones básicas: cómo debemos comportarnos y cómo no, cuando debemos callar, cómo debemos hablar, qué voces se consideran voces, quién está por encima del otrx, quienes tienen siempre la razón y quienes no… en definitiva: quienes importan y quienes no.

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Noah Ortega – Filmingforliberation

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Las lógicas que degradan a las mujeres y les disidentes de género son compartidas con las que degradan a los otros animales

Las epistemólogas feministas han señalado históricamente las teorías del conocimiento que tenían sesgos masculinos (androcéntricos), que priorizaban un entendimiento del mundo centrado en la vivencia cisgénero, masculina y heterosexual (3). Así, las feministas han señalado el sistema binario de construcción del mundo, siendo uno de estos binarios el lado privilegiado/ opresor a expensas del otro, oprimido: razón/emoción, hombre/mujer, cultura/naturaleza, humano/animal son algunos de estos binarios. Los hombres son la encarnación de la humanidad, del raciocinio y la cultura, mientras que las mujeres y les disidentes de género son tildadas de “demasiado emocionales”, “descontroladas”, “histéricas”. Uno de los argumentos para oprimir y violentar a los otros animales es que no comparten el mismo intelecto, ni el mismo lenguaje ni cognición que los animales humanos. Cuando se quiere menospreciar a un animal humano se le atribuyen características asociadas a otros animales, se les animaliza para difuminar su humanidad (ser visto como “menos humana y más animal” en nuestras sociedades significa ser considerado menos importante y válida).

Pero todos estos binarios son, en realidad, definiciones limitadas de la realidad, construcciones socioculturales que alimentan estructuras de opresión existentes: los humanos también somos animales, hay al menos 5 sexos reconocidos (4), y el género es una expresión múltiple y fluida difícilmente clasificable en el binarismo simplista“hombre” y “mujer”, y de ello dan fe las personas intersex, trans y no binarias. Si queremos acabar con la dominación patriarcal y especista tenemos que trabajar en deconstruir estas lógicas binarias que construyen el mundo que habitamos.

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La dominación patriarcal es especista

La masculinidad hegemónica se sustenta en la dominación de los cuerpos feminizados y no humanos. Los “hombres de verdad”, según dictan nuestras culturas machistas, son aquellos fuertes, autoritarios, controladores. “Protectores” de “lo que es suyo” (como sus parejas sexoafectivas). Racionales, serios, cisgéneros, heterosexuales, siempre tienen la razón. Interrumpen a expertas en sus ponencias para recomendarles referencias o darles consejos, por supuesto, ellos saben más (5). Necesitan comer animales para ser fuertes y musculados, porque comer vegetales “es de nenazas” (6). A menudo muestran su poder (y se divierten) en actividades tremendamente masculinizadas que implican el abuso hacia animales no humanos, como la pesca, la caza o la tauromaquia. Hay estudios que muestran, además, que los cazadores y granjeros sexualizan a menudo a los animales que explotan y asesinan (7).

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Los feminismos y antiespecismos reivindican el derecho al propio cuerpo

Una de las premisas de las luchas feminista es el derecho a decidir sobre el propio cuerpo. Las históricas luchas sobre los derechos sexuales y reproductivos son un ejemplo de ello, también lo es la lucha por la despatologización trans o las campañas contra el acoso callejero, los abusos en la infancia, la violencia obstétrica, la criminalización de las trabajadoras sexuales o la lesbofobia, entre otras muchas.

Foto de Jo-Anne McArthur _ We Animals

Jo-Anne McArthur – We Animals

Las industrias de explotación animal se basan en la explotación del cuerpo de los otros animales para producir beneficios económicos: la carne es el cuerpo muerto de alguien que quería vivir, convertida en producto. La leche es un fluido corporal de algunas mamíferas convertido en plusvalía. Los animales no humanos son trabajadores (8) explotados a quienes se le niega el derecho al propio cuerpo. Las industrias fuerzan a los animales no humanos a reproducirse en granjas, piscifactorías, zoos y acuarios para tener más animales a quienes explotar. Los animales, en condiciones de cautiverio, se niegan a menudo a reproducirse, pero las industrias tienen programas de reproducción forzada (9), para luego romper vínculos y separar a las madres de sus bebés. Por ejemplo, en la industria de la leche, separan a las vacas, cabras y ovejas de sus crías a los pocos días (la mayoría de ocasiones, horas) de haber nacido, para poder guardar esa leche para el consumo humano. Si las crías son hembras, crecerán para ser explotadas, si son machos serán enviados al matadero a las pocas semanas.

La clonación y transgénesis animal está llevando la domesticación y control del cuerpo de los animales no humanos a extremos insospechados: ratones que crecen con orejas humanas, como máquinas vivas de cultivo para xenotransplantes (10), salmones modificados genéticamente que crecen el doble de rápido que los tradicionales para beneficio de las piscifactorías (11) o gallinas transgénicas cuyos huevos contienen medicamentos para las enfermedades asociadas al colesterol (12).

Estos son solo algunos ejemplos del desmesurado control corporal al que los animales no humanos están expuestos, que se justifica desde argumentos especistas que aseguran la supremacía humana y la idea de que los animales son medios para fines humanos, están aquí para satisfacer nuestras necesidades y placeres.

Espera, esto me suena… es justamente lo que muchos hombres tienden a pensar automáticamente de nosotras también, que nuestros cuerpos y deseos están para la satisfacción de su mirada, sus necesidades y sus deseos.

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La lucha feminista será antiespecista (¡y la lucha antiespecista será feminista!)

Con lo explicado anteriormente queda de manifiesto que el antiespecismo es una cuestión feminista, pero… ¿y qué pasa con el feminismo dentro del movimiento de liberación animal?

Las campañas globales de denuncia del acoso y la violencia machista #MeToo y #TimesUp han hecho visibles las vivencias silenciadas de violencias sexuales alrededor del globo. Estos movimientos han repetido lo que muchas llevamos tiempo sabiendo: el movimiento de liberación animal no está a salvo del acoso, las agresiones sexuales y la violencia machista en general. Los hashtags #MeTooAR y #TimesUpAR han sido un ejemplo claro de visibilidad de las agresiones de hombres admirados y aplaudidos en el movimiento a nivel internacional que han tenido dinámicas de violencia machista. La filósofa y activista Lisa Kemmerer lleva a cabo una investigación sobre la violencia machista en el movimiento antiespecista (especialmente en Estados Unidos) con intención de documentar de forma precisa este grave problema (13).

A pesar de ser un movimiento de justicia social que busca el respeto a otros animales diferentes que sufren una cantidad de opresión inmensa, los movimientos antiespecistas no están exentos de las dinámicas heteropatriarcales de poder de la sociedad mayoritaria, y por tanto, estas se reproducen también dentro de nuestros movimientos, generando un sufrimiento terrible, alejando a las activistas del movimiento e impidiéndonos ser consecuentes y eficaces en nuestra defensa de los demás animales.

Nombrar que el machismo, la misoginia, la homo/bifobia y transfobia existen en nuestro movimiento es el primer paso para reconocer y hacer visibles estas relaciones de poder estructurales y construir un movimiento antiespecista que sea feminista, pues dado que la dominación de los otros animales y de las mujeres y disidencias sexuales van de la mano, la liberación de ambos grupos oprimidos será conjunta o difícilmente será total.

Referencias:

(1) Ver la teoría del referente ausente en Adams, Carol J. (2016). La política sexual de la carne. Madrid: Ochodoscuatro Ediciones.

(2) Davis, Karen. (2019). “Chickens are courageous birds. They are NOT Cowards, or a Trope for Human Cowardice”, United Poultry Concerns blog: https://www.upc-online.org/alerts/191110_chickens_are_courageous_birds.html

(3) Harding, Sandra. (2008). Sciences from below. Feminisms, postcolonialities, and modernities.Durham/ Londres: Duke University Press.

(4) Fausto-Sterling, Anne. (1993, marzo/abril). The Five Sexes: Why Male and Female Are Not Enough. The Sciences 33, 20-25.

(5) Solnit, Rebecca. (2014). Men Explain Things to Me. Chicago: Haymarket Books.

Ver también el artículo de Jaime Rubio Hancock (2016, 23 de septiembre), “Deja que te explique qué es el ‘mansplaining’”: https://verne.elpais.com/verne/2016/09/16/articulo/1474013009_973829.html

(6) Un ejemplo de cómo se está tratando de derribar esa noción de masculinidad hegemónica en relación con consumo de animales es el documental The Game Changers (Louie Psihoyos, 2019).

(7) Cudworth, Erika. (2008). ‘Most farmers prefer Blondes’: The Dynamics of Anthroparchy in Animals’ Becoming Meat. Journal for Critical Animal Studies 6(1), 32-45.

Kalof, Linda; Fitzgerald, Amy & Baralt, Lori. (2004). Animals, Women, and Weapons: Blurred Sexual Boundaries in the Discourse of Sport Hunting. Society & Animals 2(3), 237-251.

(8) Hribal, Jason. (2014). Los animales son parte de la clase trabajadora y otros ensayos. Madrid: Ochodoscuatro Ediciones.

(9) Ver, por ejemplo, el programa de la Asociación Mundial de Zoológicos y Acuarios (WAZA): https://www.waza.org/priorities/conservation/conservation-breeding-programmes/

(10) Briggs, Helen (2013, 1 de agosto). “Avanza la creación de la oreja humana artificial”, BBC News: https://www.bbc.com/mundo/noticias/2013/08/130731_salud_oreja_artificial_en

(11) Weisberg, Zipporah. (2015). Biotechnology as End Game: Ontological and Ethical Collapse in the “Biotech Century”. Nanoethics 9, 39-54. DOI: 10.1007/s11569-014-0219-5

(12) Reardon, Sara. (2016). The CRISPR Zoo. Nature 531, 160- 163. DOI: 10.1038/531160a

(13) Kemmerer, Lisa. (2019, 8 de marzo). Kemmerer 2017 Survey: Sexism and male privilege in the animal activist community. Animal Liberation Currents: https://animalliberationcurrents.com/kemmerer2017-survey/